Cuando se termina el matrimonio, empieza la discusión patrimonial

El divorcio en sí, desde la reforma del Código Civil y Comercial, es un trámite relativamente sencillo: no hace falta invocar causa ni probar culpas. Lo complejo, lo que efectivamente se discute y lo que define el futuro económico de cada uno, es el patrimonio.

Ahí es donde ponemos el foco.

Qué resolvemos

  • Divorcios, unilaterales y de común acuerdo
  • Compensación económica — el reclamo de quien quedó en desequilibrio económico manifiesto por causa del matrimonio y su ruptura
  • Liquidación de la sociedad conyugal — determinar qué es ganancial, qué es propio, y cómo se divide
  • Convenios reguladores y acuerdos de partición
  • Atribución de la vivienda familiar

Cuando hay una empresa en el medio

Este es nuestro terreno más específico, y donde muchos casos se complican.

Cuando en el patrimonio conyugal hay una sociedad, una participación accionaria o un negocio familiar, la discusión deja de ser exclusivamente de derecho de familia y pasa a cruzarse con derecho societario: cómo se valúa la participación, si hubo maniobras para licuarla, qué pasa con los otros socios que no son parte del conflicto matrimonial, y cómo se instrumenta la salida sin destruir la empresa.

Hemos intervenido en casos donde esas dos materias se entrecruzan. Es una combinación poco frecuente y es exactamente donde la formación en derecho empresario cambia el resultado.

Preguntas frecuentes

¿Necesito el acuerdo de mi cónyuge para divorciarme?

No. El divorcio puede pedirse unilateralmente y no requiere expresar causa.

¿La compensación económica es lo mismo que los alimentos?

No. Son figuras distintas, con requisitos y finalidades diferentes. La compensación económica busca corregir un desequilibrio patrimonial producido por el matrimonio; no es una prestación asistencial.

¿Se puede acordar todo sin juicio?

En buena medida sí, y suele ser preferible: un convenio bien redactado es más rápido, más barato y más previsible que litigar. Pero para acordar bien hay que saber primero qué te corresponde.

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